Lost in translation
katto katto kattoooo!!!! (corten, corten, corten!!!). Bob está perdido pero no lo sabe. Sofia Coppola nos presentó en 2003 su historia y ya de paso se llevó un oscar al mejor guión original, así como otras tantas nominaciones a ese premio tan dorado y glamuroso como norteamericano que reparten todos los años en la ciudad de la elegancia y el lujo. No suelo hablar sobre películas americanas, no es que no me gusten, solo que me centro más en el cine japonés, pero esta película es también de alguna manera japonesa, bueno, más bien es una película de todos sitios a la vez. Bob cree que sabe lo que es y lo que tiene, una casa, una mujer e hijos, un trabajo, experiencia, pero en realidad está completamente perdido. Se acerca peligrosamente a la crisis de la mediana edad sin darse cuenta de que solo es un crío de 18 años con menos pelo, más arrugas y un hígado más entrenado en el whisky con hielo. Pobre Bob. Su episodio con Charlotte es para él tan desconocido como el idioma que le rodea. Su mundo se derrumba como esas construcciones de madera a las que jugaba de pequeño. Y de repente descubre, para su asombro, que el valor de la amistad no tiene precio, que todavía le quedan un puñado de sentimientos en su maleta y que quizás estaba empezando a envejecer por dentro. Necesita completar su círculo, crecer, subir un escalón más y afrontar su posición. ¿Lo conseguirá?, desgraciadamente la película solo dura 109 minutos, demasiado poco tiempo para abarcar toda una vida.
Gambare, Bobu san. Ánimo, Bob.


















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